mi país no tiene nombre
la bandera invisible de mis antepasados fue quemada en salsipuedes
sus voces fueron arrolladas asesinadas sepulcradas bajo el grito insoportable de los caballos
a veces todavía resuenan en las piedras
nuestros hijos no saben de ellos
temo que pronto llegará el día en que deberemos borrarles la inocencia
cortar con esmero las viejas leyendas de la xorporocracia
a veces los miro jugar entre los rayos inofensivos de la luna llena mientras me desnudo del frío de tantos años
regresan voces y cantos y estrellas que han cambiado de sistema
lloro frente al fuego aliviada por los troncos pardos que me enrojecen la mirada
pero no es furia
ya no
he aprendido a dominar las emociones humanas mientras aún otras me dominan, como el sol a nuestra tierra
debajo de ella todo se esconde: los diamantes perdidos, los cadáveres sin pelo ni dientes, los fósiles de los perezosos gigantes, los órganos plastificados, algunos huesos luminosos
nutren al descomponerse los árboles por los que nuestros hijos trepan felices y protegidos por la luz lunar tan milenaria
mis antepasados también la adoraban guidaí cantándole cuencos repletos de admiración y asombro
el asombro lo he heredado, nuestros hijos también
ahora cuelgan de una rama movidos por un viento de fin de verano que pronto me obligará a guardar todo el dolor en el silencio
lo doblaré en 28 días
en 4 pliegos asimétricos como mi propia vida
del lado izquierdo guardaré parte de mi tristeza y todos mis sueños
en el lado derecho haré un mapa de este país sin nombre donde nací, hace ya 35 largos, larguísimos años
los que tú ahora tienes