LAO TSE

"El sentido que puede expresarse no es el sentido eterno. El nombre que puede nombrarse no es el nombre eterno. "No ser" llamo yo al origen del cielo y la tierra. "Ser" llamo yo a la madre del individuo. Por ello, el camino del No Ser conduce a la visión del ser maravilloso, el camino del Ser a la visión de las limitaciones espaciales. Ambos son uno por su origen y sólo diferentes por el nombre. En su unidad esto se llama el secreto. El secreto más profundo del secreto es la puerta por la que salen todas las maravillas." LAO TSE
Desordenaste toda tu casa. Porque no sabías que escribir es realizar. Volviste real el bosque. Real la caída. Real los lobos. Real la herida. La herida escrita se cierra con la sal del océano, con un beso, con el sol. Los rayos del sol que todo lo cura y espanta: a sus pies tiende tu cama. A sus pies invoca el orden en tu casa. El agua allí. El fuego acá. El aire en todas partes. Sobre la tierra. El poema. Tu casa.
No hay encima ni debajo. Todo tu dentro es el mundo que ves. El mundo que creas con tu gesto, con tu mirada. Confía en la noche, como en la pradera. Como en el peligro y el silencio. Confía en la madrugada de los animales que recién despiertan. Confía en tu corazón antiguo. Confía en las grutas, en las olas, en las huellas. Confía en los huesos que brillan bajo tu piel. Ellos brillan bajo el agua y te enseñan a nadar.
Suelto lo que apenas queda de mi. El nombre lo suelto. Suelto los hilos las venas los recuerdo. Suelto el canto lo desato. Suelto el hambre con un beso. Suelto lo que seré lo que aún no sé lo suelto. Lo que sueña bajo mis almohadas lo que llora lo que grita lo que aúlla lo suelto. Bajo las aguas suelto el diamante que soy. Sobre la tierra, bondadosa y oscura, me suelto.
Por las noches los libros me llaman. Soy como un sonámbulo buscando sus visiones. Soy una mujer descalza escuchando los textos rodearme. Tigres en las montañas de oriente merodean me encierran me capturan. Dan de alimento mis versos nuevos. La noche los libros el desierto.
Desvístete desvístete. Ella era mi sombra y yo me alimentaba de todo lo que casi pude ser. Y por las noches ella me susurraba bajo la cama desvístete desvístete. Ella era mi máscara y yo no conocía su nombre porque era muchas y su rostro cambiaba y yo caminaba por los caminos y por los días y ella me encontraba y me miraba hondo en los túneles que me surcaban. Me decía desvístete desvístete y movía sus mudras para enseñarme a ser como ella. A desaparecer, a no ser nadie. Desvístete desvístete me susurraba y yo no comprendía porque aún no podía comprender que ella me decía que la noche era mi amuleto y que no precisaba ninguna forma porque ya todo estaba vivo en mi y mi cuerpo entero brillaba. Brillante brillante. Y un día me desvestí y era brillo brillo y no tenía nombre. Yo era ella. Finalmente ella era lo que siempre había sido cuando corría por los bosques de la tierra pura luz puro vacío. Brillo brillo brillo desnudo.
Mi hombre animal galopa hasta el fondo del entendimiento: una zona espiritual donde contemplar la maleza que nos ha crecido de tanto esperar el amor. y el amor ya estaba aquí. Desde el mismo inicio de la circulación de tu sangre tú ya eras entero amor. el amor molecular. Orgánico. Circula en nuestro adn. Es inmune al actuar humano. Qué hemos hecho. Qué haremos con todo este desastre. Lo hicimos juntos. Como haremos lo siguiente. Mas hermoso. Mas natural. Mas compartido y cuidado. Paz. Desde el inicio de la misma semilla. Que halla paz en todos nosotros, portadores de Vida.
Mi cuerpo sexual. Mi cuerpo animal. Mi cuerpo mental. Mi cuerpo espiritual. Mis cuerpos se superponen y me forman en la difícil tarea del adiestramiento de la sombra. Zona donde aún no hemos esclarecido la difícil tarea de vislumbrar las Lecciones. Se suceden una a una en una larga caravana que conforma nuestras vidas. Nuestras vidas pobres. Nuestras vidas diamante. Nuestra vida bella. Nuestra vida compartida. Nuestra vida antigua. Nuestra vida moderna. Nuestra vida amorosa. Nuestra vida a solas. Me levanto, me recojo, me preparo el alimento, el agua para la sed y para la dulzura. La sal en el tamiz de tu cuerpo. Transpirado y caliente. Hombre sexual. Hombre animal.  Hombre mental. Mi hombre espiritual.
Hemos simplificado las palabras hasta solo hablar por los ojos. Recuéstate. Apaga las luces. Deja que todo el entendimiento entre por nuestras raíces. Deja que la noche nos contemple. Nos amarre. Nos libere. Deja que toda la luz de la cara oculta de la luna nueva entre por las ventanas abiertas y se meta en nuestros dedos peregrinos. Nuestros dedos que han borrado el rastro de esas cavernas, esas luciérnagas del agua. Deja que todo quede así, tranquilo. Dormido pero atento. Deja que me recueste sobre tu espalda. Déjame respirar en tu pelo. Déjame soñar para mañana. Sueños hermosos que verán nuestras alas abiertas. Los sueños que a veces no me atrevo a soñar.

CONVERSACIÓN CON LA REINA

¿Y dónde encontraste la fuerza? En el único lugar. Eran grutas de osos hormigueros. A veces me los cruzaba. Iban cargados de alimentos. Eran hexagonales hogares luminares. A veces me topaba con la reina. Una exuberante aprendiz del Silencio. Una bella maestra de la Miel. Me enseñó a confiar en mis huesos luminosos. Toda tu paciencia está ahí. Toda tu insistencia, tu esplendor. No precisas nada más, sino cultivar tus alas. Aunque nunca salgas allá fuera. Tal vez tu destino sea mirar. Tal vez tu destino sea encontrar. A veces me la encontraba en los pasillos de la hibernación. Y ella preguntaba ¿Y donde encontraste la fuerza? Y yo le sonreía y le daba una mano para ayudarla a salir.
Caminemos. Es largo el entendimiento que lleva a nuestra casa. Miremos la noche mientras las estrellas se apagan. No es fácil el camino, pero hemos venido para andar. El cielo es una promesa vacía. El pasado no nos puede arrebatar ninguna esperanza. Camina en mis raíces, en mis latidos y en mi dorada hibernación. Despierta conmigo.
Es la hora en que no hay preguntas ni respuestas. Solo contemplar los árboles negros a través de la ventana. Es la postura indicada para hacer la inclinación. Es para mi. Es dentro de mi que todo sucede. Ha sido así desde treinta y cuatro años y recién los negros árboles me lo han recordado. Han estado ahí toda mi vida, diciéndolo.
Un mar que no está en ningún mapa Bajo la sombra para aprender a nadar y entonces llenar los pulmones de sustancia celeste Las olas una a una se posan sobre nosotras Una callada revelación en las manos Las palmas abiertas como alas y los ojos reverdecidos Voces nuevas sobre el extenso horizonte de lo que ya no tiene forma