Es la hora en que no hay preguntas ni respuestas.
Solo contemplar los árboles negros a través de la
ventana. Es la postura indicada para hacer la
inclinación. Es para mi. Es dentro de mi que todo
sucede. Ha sido así desde treinta y cuatro años y
recién los negros árboles me lo han recordado. Han
estado ahí toda mi vida, diciéndolo.