Hemos simplificado las palabras hasta solo hablar por los ojos. Recuéstate. Apaga las luces. Deja que todo el entendimiento entre por nuestras raíces. Deja que la noche nos contemple. Nos amarre. Nos libere. Deja que toda la luz de la cara oculta de la luna nueva entre por las ventanas abiertas y se meta en nuestros dedos peregrinos. Nuestros dedos que han borrado el rastro de esas cavernas, esas luciérnagas del agua. Deja que todo quede así, tranquilo. Dormido pero atento. Deja que me recueste sobre tu espalda. Déjame respirar en tu pelo. Déjame soñar para mañana. Sueños hermosos que verán nuestras alas abiertas. Los sueños que a veces no me atrevo a soñar.